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"Yamayure", la semana narrativa de Marco Tulio Gardela

Fuente: Lic. Miguel Fajardo Korea* | 30/11/2009

Redacción, (elpais.cr) - El Lic. Marco Tulio Gardela Ramírez es un guanacasteco, tanto por elección como por convicción. El suyo es uno de los casos de mayor lealtad espiritual y compromiso con Guanacaste. Radica en Liberia desde 1972, es decir, desde hace 37 años. Sus luchas a favor de causas decisivas de nuestra provincia lo han visibilizado como uno de sus líderes más auténticos, como un hijo enraizado con el árbol de las orejas.


Él fue Profesor de Español en el Colegio Técnico Agropecuario de Liberia. Asesor de Español en la Dirección Regional de Enseñanza de Liberia. Fundó el Centro Literario de Guanacaste el 20 de marzo de 1974. Ha escrito la letra de himnos de escuelas y colegios. Es Asesor ad honórem del Programa “Vivamos la Guanacastequidad”.

Ayer, tuve la dicha de presentar con él la ponencia “La Guanacastequidad en el proceso educativo”, en el Seminario “Caminos diversos para la educación del mundo”, realizado en Nicoya. Dicha ponencia puede leerse de manera completa en el periódico electrónico costarricense elpais.cr/articulos.php?id=16194

Marco Tulio es autor de cinco libros: “Herencia del sol”, 1991; “Marcelita: semana de cuentos para una niña guanacasteca”, 1999; el “Diccionario de guanacastequismos”, 2002; la antología “Guanacaste escribe”, 2004 y, ahora, “Yamayure: semana de cuentos para Dieguito”, 2009. Su tesis se denomina “Guanacaste, árbol poético”, 1995.
En 1985 fue galardonado con la “Distinción Carlos Gagini”. Es el creador de numerosos vocablos y expresiones que forman parte de la identidad territorial guanacasteca. Mantiene inédito el libro “Guanacaste, árbol literario”.
Asimismo, es coautor de siete antologías y de plaquetas didácticas con lecturas guanacastecas. Cinco de ellas con quien escribe, a saber: “Hojas líricas de Guanacaste”, 1987; “La región del arco iris”, 1988; “Árbol territorio”, 1989; con Ligia Zúñiga, compilamos “Confraternidad Guanacasteca siempre”, 1990 y 1992; finalmente, “La voz lírica de Guanacaste”, 1996.
Marco Tulio ha sabido construir, con cernida filantropía y altruismo, el compromiso social de la integración guanacasteca, desde lo provincial, lo regional, lo local y el ámbito familiar, de manera holística. Sobre su intensa y extensa labor humanista e integral he escrito un artículo en una prestigiosa revista electrónica sudamericana, que puede leerse en letras-uruguay.espaciolatino.com/.../marco_tulio_gardela_humanista.htm.
El Centro Literario de Guanacaste, que él fundó hace 35 años y del cual ha sido su alma y Presidente, le rindió un merecido homenaje el 7 de noviembre de este año, cuando se le entregó el libro antológico “Nojue Yokue”, gran varón, donde 43 autores le testimoniamos nuestra admiración y agradecimiento espiritual por su tarea gilánica.
YAMAYURE, semana de cuentos para Dieguito, (EDISE, 2009: 16), es un texto conformado por siete cuentos, uno para cada día de la semana. En mi criterio, en “Los pájaros”, el último cuento de su libro sobre Marcelita, 1999, Marco dejó abierto el hilo temático y, esta vez, lo ha retomado para escribir sobre las siguientes aves: el cuyeo, el paravós, el alcaraván, la viuda del llano, el guaco, la sorococa y el güis.
La sola elección temática de este cuentario de Marco Tulio Gardela es un significativo aporte a las letras guanacastecas, pues establece un biodiálogo para aprender a leer las voces de las aves y su importancia para el ser humano. Yamayure es la Madre de esas aves. Esta nueva conciencia comunicativa con la naturaleza se da, en este caso, “en el interior de los seres vivos (…) y sus nichos vitales”, como señala Hugo Assmann, uno de los autores del paradigma ecológico emergente, en esta era planetaria, donde debemos enfrentar la incertidumbre del mundo con realidades ecológicas alternativas.
La naturaleza es una tribuna de aprendizaje que no hemos querido leer, pero en este mundo cada vez más complejo, es una obligación hacerlo, para alcanzar la plenitud espiritual y poder cumplir con el compromiso de mejoramiento humano y social.
En este jardín de fauna guanacasteca, las aves son asociadas con la luna, los relojes, las viudas, la noche o el sol. Es decir, completan un panorama integrador de las posibilidades del mundo, en esta tierra que nos amarra los pies que es Guanacaste.
Paralelamente con la riqueza expresiva de los cuentos, se presenta un aporte léxico, con términos y registros guanacastecos. Todos los títulos de las estampas discursivas incluidas en el libro son guanametáforas, como dice Marco, por ejemplo: luna del cuyeo, reloj de alcaraván o güis de sol.
En Yamayure, hay construcciones lingüísticas de alta calidad literaria: ¡“ahí está el nido que hicimos en la luna de miel”, (p. 6). “Los paravoses nacieron en lo más profundo de la montaña, donde los barrancos hablan con las quebradas”, (p. 7). “Esta llave es muy particular: la mitad está hecha de lluvia y la otra, de sol”, (p. 11); “mis sorococas me lo confesaron: realmente su trinar no era un canto, sino que rezaban rogándole a Tipotani que perdonara a Kueyure y les permitiera disfrutar el día”, (p. 14). “Una vez al año, exactamente el 25 de julio al mediodía, deben venir los güises para darles mi poder”, (p. 15).
Es humilde, Marco Tulio, cuando dice que no escribe para niños. Ahora quiero desmentirlo, pues ya tiene dos libros para los niños, pequeños o grandes que disfrutamos de sus textos. Producto de una plena conciencia de vida, de una nueva alfabetización ecológica con sus preocupaciones raigales. Los elementos de la fauna los encontramos en nuestra tierra de siempre, por eso el narrador propone “lucha permanentemente por conservar la naturaleza de Guanacaste, para que mis alados pamperos vivan felices, en esta Tierra de Dios”, (p. 16).
La literatura destinada para la población infantil debe tener características específicas, entre ellas: sencillez, su temática debe ser de interés para los lectores de esos grupos etáreos, asimismo, tiene que tener suspenso, emoción, lenguaje adecuado para su comprensión, espacios geográficos contextualizados con los intereses vivenciales. En ese sentido, Guanacaste es el escenario natural: una travesía con sus itinerarios ecológicos.
Saludamos la presentación de este nuevo cuentario, pues fortalece los principios de la guanacastequidad, en la forja decidida que “Hacer es la mejor manera de decir”, según sentenciaba José Martí.
Marco Tulio Gardela da muestras, una vez más, de su acendrada devoción telúrica por los quehaceres vitales de Guanacaste. Los niños sabrán valorar esta nueva entrega narrativa. Sé que el homenaje que le realiza Marco a Luis Diego Flores Gamboa, a quien está dedicada la obra, tiene un gran valor espiritual en el tiempo de plenitud de su vida altruista.
Creo que las aves están reunidas en un consejo de fiesta dentro de la piñata o puede ser que se estén comiendo el queque. No dudamos, tampoco, de que todas las aves están ensayando fuertemente, porque entonarán el cumpleaños para Dieguito, quien en compañía de su hermana Marcelita, de su madre Adriana Gamboa Flores, de su padre Abraham Flores Zúñiga, así como la compañía siempreviva, desde el arcoíris que llega al cielo, de su abuelita Marcelina Mendoza Contreras (+) y de Marco Tulio Gardela (1950).
Este cumpleaños decembrino, el número ocho de Luis Diego Gamboa Flores, es una esperanza. Sé que por cada año de vida se ha leído el cuento del día y hoy empieza la nueva ronda para releer el libro, junto con sus amiguitos y los mayores que estamos en esta fiesta para ver es escuchar a Yamayure y a toda su sinfonía natural inigualable y divina.


(*) Premio Omar Dengo, Universidad Nacional, 2009