Ronal Vargas Araya
Desde que éramos pequeños la escuela nos domesticó a los ticos para
celebrar "La Anexión" vistiéndonos con los personajes típicos
guanacastecos, sabaneros y cocineras, bailando alegres a pesar de sus
desventuras diarias y gritando "hui-pi-pía" cuando el vino de coyol los
llevaba al cielo, mientras su patrón aprovechaba para arrebatarles sus
tierras, su ganado y sus siembros, mostrándoles el camino directo al
infierno diario de sus pobrezas.
Este 25 de julio, mientras nos
concentrábamos tempranito frente al Quebrador de Nicoya, para dar
inicio a la manifestación más grande que aquel pueblo de Guanacaste
jamás olvidará, aprendí que el color de “La Anexión” no se dibuja sólo
con el verde amanecer de sus montañas, ni con el rojo apasionado de sus
atardeceres, sino con el conflictivo azul de sus codiciadas aguas
subterráneas, el pálido azul de sus ríos sobreexplotados y el burlado
azul del oleaje en sus vírgenes playas prostituidas, que hoy también
vomitan un tsunami amenazante de desalojos costeros. El azul nos unió
este 25 de julio a los que protestábamos por el agua que le quieren
arrebatar “con decreto presidencial” a Sardinal, por la vista azul de
la que quieren despojar a los pueblos costeros para que la disfruten
sólo los turistas, por el cielo azul tenue que están viendo muchas
familias campesinas sin tierra, por la cáscara azul de los porteadores
que hacen de taxistas sin pagar al fisco lo debido…en fin, por la
chequera azul con que se vende a pedazos nuestra mansión chorotega y
las costas del Pacífico.
No sé a ciencia cierta cuantos
seríamos: yo conté alrededor de tres mil personas a pie, algunos
calcularon no menos de cuatro mil, el doctor Francisco Vargas contó en
1937 cinco mil albardas, LA NAZIÓN contó sólo un millar de
manifestantes (pero con sus extraños métodos cuantitativos aplicados al
cálculo de personas en aquella magna manifestación contra el TLC,
reafirmo los tres mil). Repretel habló de “unos cuantos grupos de
manifestantes”; Telenoticias de algunos centenares de revoltosos; La
Prensa Libre escribió que fue simplemente “un grupo”; Diario Extra
habló de “turbas que portaban carteles y mantas”; Informatico.com de
más de mil quinientos manifestantes que no pudieron ser detenidos por
tres retenes de policías; y Julio Rodríguez, con su putrefacta visión
satanizadora, no pudo ver más que cuatro gatos procedentes de
Venezuela, adoctrinados por Fidel Castro y seguidores de Mel Zelaya.
En verdad, fue algo tremendo: tres
retenes de fuertes goriletis, perdón, de armados policías, no fueron
capaces de detener la avalancha de la dignidad, encabezada por el
diputado Merino y varias liderezas y líderes de las comunidades
costeras amenazadas por los desalojos. Mejor “inauguración oficial” no
se pudo dar a los dos puentes nuevos en la entrada triunfal a Nicoya,
que ser pisados por los pies benditos de aquellos manifestantes, la
mayoría “gentes del mar”, cansados de esperar el cumplimiento de las
promesas de tantos políticos deshonestos que sólo les dirigen su
palabra cuando les piden sus votos.
Es tan difícil la situación de
estas personas, representantes de las comunidades costeras del Pacífico
sur, Puntarenas y Guanacaste, que navegan al menos 13 proyectos de Ley
en la Asamblea Legislativa para tratar de “ayudarlos” con marinas, más
apertura y escrituras para todos, algo parecido a como pretende el
presidente Arias “ayudar” a Guanacaste a superar la crisis financiera:
promoviendo más el turismo, trayendo más hoteles y facilitando a los
inversionistas explotar nuestra riqueza natural y cultural sin
impuestos ni remordimientos…gracias a Dios que sólo le quedan nueve
meses en el poder.
Tal vez los sobrevivientes del
terremoto neoliberal, con decencia y dignidad patriótica, logremos
rescatar del “turisnaufragio pampero” algunas tierras comunales,
Asociaciones de Desarrollo y otras pocas organizaciones sociales no
contaminadas, pues la mayoría de Municipalidades continúan drogadas y
en éxtasis permanente, con la esperanza de que el actual modelo
turístico depredador y excluyente sería el motor del desarrollo en
nuestra región… SANTA LUCÍA, recupérales la visión, para que puedan ver
sin colores políticos las nefastas consecuencias de haber creído que
ese turismo sería el MESIAS redentor de nuestras paupérrimas
poblaciones costeras.
Retén tras retén policial fueron
cayendo a nuestro paso, excepto el tercero, a 200 metros del parque,
donde se encontraban los dioses del Olimpo Zapoteño, presididos por
Zeus y todos sus adoradores y mendigos, ofreciendo un triste
espectáculo digno de las antiguas familias gamonales. Los policías
empujaron para sostener el cerco de hierro, pero la fuerza de la unidad
popular pudo más… Hubo un pequeño intercambio de golpes para amedrentar
a los manifestantes, pero el asunto no pasó a más de un par de heridos,
llevando la peor parte la piel abierta sobre la ceja de un policía
anónimo. Atónitos nos esperaban los pocos policías que quedaban por
vencer y se aferraron en la entrada principal del parque, para defender
el orden del día.
La verdad que, “hasta ahora me cae
la peseta”, la ocasión estaba propicia para que aquel pueblo excluido
del desarrollo social hubiera dado un nuevo “Golpe de Estado” en Centro
América y pudiéramos escudarnos en que Obama o Hillary Clinton
reconocieran el nuevo “cambio de Gobierno”, o “Gobierno de facto”,
acaecido para defender la democracia criolla pisoteada por los Arias y
sus tentáculos en todos los poderes de la República, el TSE y la Sala
Constitucional, pero habíamos olvidado un pequeñísimo detalle: que sólo
son posibles los golpes de Estado cuando tienen el visto/bueno de la
embajada gringa.
Con el orgullo de haber caminado
firmes hasta la meta, aunque no se nos diera ninguna medalla olímpica
de oro o de plata (pues ya todas estaban comprometidas, aún las del
eventual gobierno de Laura Chinchilla en 2010, el de Rodrigo Arias en
2014 y el de Kevin Casas en 2018), detuvimos la Tumbacocos frente al
parque y el pueblo tomó la palabra en aquel improvisado Acto Cívico
Popular, que rompió el protocolo oficial del día de la Anexión y puso a
temblar a más de algún Alcalde y diputado, de esos que no son capaces
de tomar una sola decisión sin contar con la previa bendición de Casa
Presidencial. Sin temor histórico a equivocarme, pienso que esta fue la
primera ocasión en que el pueblo, y no los políticos, fue el personaje
del día de la Anexión.
Mientras este magnífico
acontecimiento sucedía, todas las Cámaras de televisión y micrófonos de
radio sólo estaban atentos al desfile de modas impuesto por los
personajes políticos para la ocasión, sombreros, guayaberas y botas
ganaderas, junto a las niñas y niños vestidos de cocineras y sabaneros;
de sabaneros y cocineras... Cuando se dieron cuenta de la multitud
popular que desfilaba como aquel ejército triunfal de 1856, sólo
alcanzaron a realizar unas pequeñas tomas de los pocos manifestantes
que tuvieron la paciencia de escuchar de pie y con sus pancartas al
aire los mismos discursos con que, desde hace 185 años, los políticos
de la Meseta Central nos hacen creer que cada año en Guanacaste estamos
mejor que antes, aunque las estadísticas del INEC y los vecinos de
enfrente digan todo lo contrario.
En fin, aunque el presidente Oscar
Arias, con una temerosa sonrisa en sus labios, invitó a quienes
lideraban la manifestación para que almorzaran juntos después del
evento, se le pidió que él bajara hasta el cordón de seguridad policial
para que recibiera de sus manos el pliego de situaciones urgentes de
aquel pueblo que, aunque no había sido invitado a los actos oficiales,
acababa de dar la más grande lección de democracia participativa, pues
la única que normalmente se le permite es la democracia electoral. Como
es usual, el señor presidente prometió dar seguimiento a todos los
planteamientos y darle solución en los próximos nueve meses…Aunque no
creímos la sinceridad de sus palabras, ni tampoco en la objetividad de
su mediación en el conflicto hondureño, nos retiramos con dignidad y
alegría hacia el Mercadito del Guayabo, a tomar un buen vaso de
chicheme, y a comer arroz de maíz, café y tamal, rosquillas y cajetas.
Teníamos motivos para celebrar. En esta ocasión nos escucharon hasta
que decidimos dejar de hablar, fuimos interlocutores y propositores, y
no, como sucede siempre, simples espectadores. Nuestro siguiente paso
será apostar por la unidad política de los partidos pequeños con
ideales grandes, para terminar de una vez por todas con esta élite
social que siembre ha sobrevivido vilmente de la política.
Fuente: http://www.elpais.cr/
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