Isla del Coco Isla de mil sueños, fantasías y tesoros
Texto y Fotos: Diego Mejias
Hacer
nuestros sueños realidad es algo que no siempre se consigue en la vida y a
pesar de lo duro que se pueda trabajar para lograrlo no siempre es fácil llegar
a verlos convertidos en realidad.
Entre los sueños que he tenido y concretado, hay uno que ha sido mucho más que
una bella realidad antes mis ojos.
Créanme que no hay
palabras suficientes para poder describir lo que he podido presenciar durante
los varios viajes que he hecho a una de las islas más prestigiosas y a la vez
enigmáticas de todo el mundo.
Imaginarse la típica isla del Caribe con algunas palmeras y cocos rodando con
la marea está muy lejos de lo que les voy a contar.
Isla del Coco, es un paraíso oculto para la mayoría, pues para conocerla hay
que navegar 36 hrs. desde el pacífico central de la costa costarricense. Una
vez perdidos entre kilómetros de océano solo se puede esperar la muy mencionada
“Isla de los mil tesoros”, bien conocida por las historias que han fluido a
través del tiempo. Historias de piratas, cofres, monedas de oro y otros
“brillantes” tesoros.
La realidad es que el verdadero tesoro de esta isla esta a plena vista y para
descubrirla, no se necesita un viejo mapa escrito en pergamino con una gran X
en el centro. Lo único que se requiere, es un par de ojos bien abiertos para
descubrir rápidamente que el “verdadero cofre”, es la isla en sí y que su gran
valor se encuentra en realidad, en el brillo, la diversidad y la belleza de sus
recursos naturales, que dan vida a un tesoro único y valioso para todo el
mundo.
Mas allá de lo que nuestros ojos nos permitan ver, en tan único lugar existen
dos dimensiones bastas en riqueza y llenas de magia. Fuera del agua, la isla se
levanta a 626 metros sobre el nivel del mar creando un ecosistema propio y
único, atrapando nubes que a su paso dejan caer alrededor de 7 metros de lluvia
al año. En sincronía, se experimentan los sonidos emitidos por las
impresionantes cascadas que caen libre y directamente al mar, el canto de miles
de aves que conviven a diario entre la espesa jungla y las paredes rocosas que
forman caídas verticales con matices de cientos de verdes colores. La riqueza
de su diversidad endémica hacen de esta isla un sitio lleno de un intenso
exotismo natural.
La segunda dimensión, es la que ocurre bajo la superficie marina y la que ha
hecho mi sueño convertirse en realidad, llenando mi vida de nuevas imágenes y
experiencias. Quien imaginaría que una isla llena de selva tropical
húmeda rodeada de cientos de kilómetros de agua, en medio de la nada,
podría ser llamada el “Oasis de los Siete Mares”.
Hoy por hoy, la Isla del Coco es un legado natural para el Patrimonio de
la Humanidad. Un oasis acariciado por corrientes oceánicas provenientes del
norte y del sur, aportando ricos nutrientes a todas las especies marinas y al
mismo tiempo haciendo de sus aguas una de las más ricas en biodiversidad del
mundo.
Mi verdadero sueño se cumple cuando se me invita a una expedición a la Isla del
Coco promovida por la organización Marviva, cuyo objetivo principal es el de
cuidar y contribuir con los recursos marinos de Costa Rica y otros destinos
remotos del mundo. En colaboración con otras organizaciones como Pretoma y la
Fundación Mal Pelo, se llevo a cabo una expedición científica que buscaba
colectar información y marcar ciertas especies de tiburones, en busca de
comprender mejor su trayectoria y comportamiento a través de las cordilleras
acuáticas, lo que nos puede llevar a tener mejor conciencia de cómo administrar
el cuidado de estas y otras especies que son de tanta importancia en la cadena
alimenticia y por tanto, claves en la futura biodiversidad marina.
Mi participación tuvo el objetivo principal de documentar y guiar la expedición
durante el proceso de marcaje, fotografía y filmación. Si había alguien que se
sentía afortunado, ese era yo.
La “isla de los tiburones”, como es conocida por muchos pescadores, presento
una actividad increíble y totalmente exitosa para los objetivos de la
expedición. Después de una mañana de planeamiento, estuvimos listos para poner manos a la
obra. Teníamos que prepararnos para corrientes de 2 a 5 nudos , a través de las
cuales se podían admirar cardúmenes de más de 50 tiburones martillos nadando
contra corriente y avanzando con movimientos tan lentos y sutiles, que hacían
parecer que la corriente no era tan fuerte. Esto sin duda alguna era tan solo
una ilusión ya que en algunas ocasiones, incluso se nos hacía difícil
mantenernos agarrados de las formaciones rocosas. Una vez bien sujetos,
pudimos presenciar el proceso de limpieza de los Martillos. Ellos usan la
corriente para mantenerse en un solo sitio, haciendo movimientos gentiles que
permiten que los peces Barberos y Ángeles Reales logren acercarse para
limpiarlos de parásitos e impurezas.
Como olvidar las imágenes del momento cuando los Martillos se nos aproximan.
Tenerlos a centímetros de distancia es algo casi mágico. No hay nada más que
hacer que mantener la calma y vivir en plenitud el momento, un momento intenso,
lleno de adrenalina, belleza y alegría. Presenciar este evento para mí
fue vivir un sueño, tocar un momento lleno de vida, donde las tortugas verdes
nos rodeaban y observaban con la misma curiosidad que sentíamos nosotros
por ellas. Al mismo tiempo, grupos de gigantescas mantas nos pasaban por
debajo y segundos después, la corriente nos lanzaba dentro de un alegre
cardumen de atunes que danzaba en torno a nosotros.
Haber vivido este sueño, me hizo pensar en la naturaleza, en su belleza,
perfección, generosidad y grandeza. Me hizo pensar también, en las amenazas que
hoy existen sobre ella.
Isla del Coco es un tesoro natural único y al igual que el resto del planeta,
es un tesoro que nos corresponde a todos proteger. Nos corresponde a todos
garantizar que las futuras generaciones, tengan también el derecho que tuve yo.
El derecho de vivir la naturaleza y de
soñar en ella.
El derecho de contar con un lugar para vivir en plenitud… un lugar donde poder
vivir intensamente, cada uno de nuestros sueños.