El derecho al uso vital del agua ha sido siempre una
prioridad para el pueblo guanacasteco, a quien la historia ha enmarcado
en insigne vigilante y protector. Este recurso natural ha significado
un motivo de organización comunal que debería servir de ejemplo para
atender e incorporar la participación ciudadana, en otros ámbitos de
gran relevancia nacional.
Esa sed por la protección del agua representa los
valores auténticos de nuestros más humildes pobladores, quienes
conscientes de su necesidad y abastecimiento, han reforzado el celo en
las formas de su consecución.
No es de extrañar entonces que se acuda al sistema nacional de control
con el fin de garantizar que las administraciones públicas se ajusten
al ordenamiento jurídico, a la transparencia y a la justicia. Los
pueblos saben de antemano, que el recurso hídrico no es inagotable, y
que se requiere una acción coordinada y responsable para que sea
aprovechado, prioritariamente, en consumo humano.
Al igual que se reconoce la sabiduría campesina como indicadora de
cuándo va a llover y cuándo no, cuándo va a haber una sequía o cuándo
va a haber bonanza o dificultad en la cosecha, debe también escucharse
atentamente cuando nos llamen la atención sobre los límites del uso del
agua.
Guanacaste es pionera en levantar su voz para que el agua alcance para
todos, por lo que debe trasladarse esa experiencia con el mismo ahínco,
con el fin de controlar aquellas extracciones desproporcionadas o de
fuentes informales, no inventariadas.
Entonces, constituye un pilar esencial de responsabilidad social
concientizar esa protección del preciado líquido para que cualquier
proyecto tenga un apartado que rinda cuentas sobre cómo se compensarán
los posibles impactos y un seguimiento a sus planes de gestión.
Hoy, los habitantes de esa provincia siguen ejerciendo acciones dignas
de imitar, resguardando lo que la naturaleza otorga al ser humano para
su supervivencia, sin necesidad de llevar a extremos una lucha que
tiene como fin primordial, la convivencia pacífica y el respeto de
todos sus pobladores.
La preservación de los recursos naturales debe involucrar,
inexorablemente, la participación ciudadana como medio idóneo que
garantice el desarrollo sostenible.
El agua que se protege ya se incorporó al cauce de la justicia, pero,
sobre todo, a la sombra fresca del Guanacaste. Queda ahora esperar que
la convivencia, la razón y la certeza, sean los motores que orienten a
todos los sectores, comisionados o no, por la senda del respeto a la
legalidad y de la constante comunicación y participación ciudadana.
Para lograr lo anterior, no es conveniente que ante la adversidad o el
error se justifique atacando el sistema nacional de control, en
ocasiones mediante juicios de valor sin asidero alguno, en vez de
encontrar la humildad necesaria para reconocer los desaciertos propios.
Daniel Soley Gutiérrez
Defensor adjunto de los habitantes
Fuente: http://www.larepublica.net
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