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Coyoleras se activan en el verano en Guanacaste PDF Imprimir E-Mail
Lun. 10 de Marzo de 2008

Ahora que estamos en la mejor época del verano, las coyoleras en Guanacaste se convierten en los sitios más buscados de quienes disfrutan quitarse la sed con un buen vino de coyol, bebida y tradición heredada de los chorotegas.

Para perpetuar esta herencia, desde diciembre decenas de familias de Santa Cruz y Nicoya han ido construyendo improvisados ranchos de palma en sus jardines y encendiendo periódicamente los fogones, con el fin de preparar y vender la “bebida de los guanacastecos”, que se puede conseguir dulce, término medio o fuerte.

En los meses de enero, febrero y marzo es cuando las coyoleras están en su punto pues el clima favorece también la obtención del mejor vino de coyol del año y los calores piden a las personas refrescarse con un brebaje bien frío.

Este vino se extrae directamente de palmeras en la mañana, al mediodía y a las tres de la tarde. El mejor vino se consigue a mediodía, cuando es más dulce.

Todos los miembros de la familia están convocados a participar en la venta del líquido y también a degustarlo. Turistas y vecinos también están invitados y en algunos sitios la oferta del vino la completa el platillo de gallina criolla acompañado de tortillas y gallos de salchichón.

Para garantizarse conseguir la comidita, hay que llegar temprano, advirtió Hamis Rodríguez, de la coyolera “Macho”.

En Curime de Nicoya también está la coyolera de Alfredo Obando. Desde hace 15 años aprovecha la venta para mantener a su familia. “Todos los años compro unos 10 ó 15 palos más: la mejor época es la Semana Santa”, dijo.

Obando explicó que el árbol del coyol rinde un poco más del mes emanando la bebida que alegra el alma de los guanacastecos. Cada palmera produce entre 50 y 60 botellas. El precio de cada botella varía entre los ¢700 y ¢800.

Las coyoleras también son buenos sitios de encuentro para pobladores y visitantes, quienes disfrutan del brebaje sentados en bancas o sillas mecedoras. En algunas ocasiones, también se organizan “noches coyoleras”. El poblado de Nambí es muy famoso por sus coyoleras, sobre todo en momentos cuando quedan pocos negocios de ese tipo. Allí funcionan “La Fuente de Oro”, “La Olla de Oro”, “Tony” y “Macho”.

El vino de coyol se toma en cualquier momento, pero su efecto dura hasta tres días. Cuando calienta el sol se sube de nuevo.

 
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