
A escasos cuatro kilómetros de los hoteles, centros
comerciales y residenciales de “lujo” que convierten a Liberia en una
zona de alta plusvalía, hay cientos de familias que no tienen ni qué
comer. La Alcaldía Municipal
estima que el número de personas que subsisten en precarias condicionesentre latas de zinc, atrapadas por anillos
de pobreza que amenazan con “asfixiarlas”; oscila entre 15.000 y 20.000.
Es la Liberia que pocos
conocen. Una ciudad Blanca que literalmente, la ciudad se divide en dos. En la parte oeste, el crecimiento
turístico e inmobiliario, y la parte noreste, donde está concentrada la
pobreza.
La situación crítica la viven las familias de barrios como San Rafael, Rojas Chávez, Martina Bustos y El Regalito. Que carecen de servicios básicos como agua
y electricidad; las calles son de cascajo y en las casas la pobreza se
convirtió en una inquilina más.
La mayoría de las personas subsisten con salarios muy por debajo del mínimo fijado. Llegando a unos ¢16 mil al mes por labores de reciclaje: recoger botellas y latas en las
calles.
La baja escolaridad contribuye a que esos números aumenten. Segun Yitsak Digat, director ejecutivo de la Cámara Liberiana
de Turismo (Calitur), es lamentable que la mayoría de empresas turísticas
contraten empleados del Valle Central, ante la falta de personal
capacitado.
A través de programas sociales, las instituciones gubernamentales decidieron combatir la pobreza en el cantón liberiano.
El Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) puso en
marcha “Ideas Productivas Grupales” y “Desarrollo Comunitario” para dar
una mano a los que menos tienen.
La institución cuenta para este año con un presupuesto que ronda los ¢213 millones para Liberia.
Karla Fuentes, del IMAS, dijo
que la entidad se encarga de seleccionar a los beneficiarios mediante
un estudio. Sin embargo, la institución no dispone de mecanismos para
medir los índices de pobreza en el cantón. Por otra parte, el gobierno
local creó en la administración anterior el Área de Acción Social.
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