El "boom" de los destinos de sol y playa en la provincia de
Guanacaste llevó a los vecinos de varios pequeños
pueblos no costeros a pensar en una forma creativa de beneficiarse
de esa marea de turistas que inunda todo el año una región
considerada como la más hermosa del país, pero que también es la
cuna del folclor costarricense.
Es así como nace la "Ruta Chorotega", un tour especial de dos
días que Acan-Efe tuvo oportunidad de realizar, organizado por
humildes vecinos de la zona, para mostrar al turista más de 4.000
años de historia costarricense.
El recorrido se inicia en Nicoya (225 kilómetros al noroeste de
San José), conocida como "la ciudad colonial de Costa Rica", pues
fue en sus tierras donde en 1552 comenzó la conquista española de
Centroamérica. Un pueblo lleno de casas de adobe, donde los turistas
podrán visitar el templo de San Blas, construido en 1850 sobre el
mismo lugar donde en 1544 se construyó la primera parroquia del
país, por lo que esta iglesia es consideraba patrimonio histórico y
arquitectónico nacional.
En la iglesia de San Blas se guardan, entre otras reliquias, una
pila bautismal de 1644 y unas campanas de bronce de 1768.
Pero el paseo por la historia apenas comienza.Tras dejar Nicoya
los guías trasladan a los turistas hasta San Vicente y Guatil, dos
comunidades de origen indígena, de la etnia Chorotega, cuya
actividad alfarera, con más de 4.000 años de antigüedad, ocupa a la
mayoría de sus pobladores y ha sido transmitida de generación en
generación.
Las técnicas y materiales de estas obras de cerámica siguen
siendo, en esencia, las mismas que permitieron hace milenios a los
habitantes de esta región "dar vida" al barro con figuras animales y
humanas pintadas con colores naturales de rojo, blanco y negro que
proveen unas arcillas especiales conocidas como "curiol".
Para tener más contacto con la herencia indígena costarricense,
en ambos poblados se pueden degustar algunas delicias típicas como
el arroz de maíz, el picadillo de chicasquil (hoja verde), las
rosquillas y las dulces tanelas.
El viaje continúa y el pequeño pueblo de Santa Bárbara espera con
bailes, comidas, paseos en carreta tirada por bueyes, uno de los
símbolos nacionales de Costa Rica, y una casona de 150 años de
antigüedad.
La casona será precisamente el centro de la actividad, donde los
viajeros podrán recorrer sus pisos de maderas centenarias y observar
los más típicos artefactos de la antigua vida en el campo: camas de
cuero en lugar de colchón, mecedoras también de cuero, artículos
indígenas y planchas de hierro, completan un ambiente de
tranquilidad.
En el patio de esta casona de techo de teja espera un tradicional
almuerzo cocinado en los ya casi extintos "comales", una especie de
olla de hierro, y servidos en platos de barro.
Las delicias cocinadas por mujeres de la localidad estarán
siempre acompañadas por tortillas palmeadas a mano y un refrescante
vaso de horchata, refresco típico a base de arroz.
Además, durante el almuerzo se disfruta de un verdadero
espectáculo, pues con el telón de las notas de la marimba, el
instrumento más tradicional de Costa Rica, el grupo local de baile
de la zona presenta las canciones más importantes del folclor local.
Los movimientos y trajes de estos jóvenes son un verdadero
desfile de color y ritmo y la experiencia se corona con un paseo en
"carreta de bueyes" o a caballo por las angostas calles de la
localidad.
Playa Grande es entre octubre y marzo de cada año, el mayor punto
de desove de las tortugas baulas, los quelonios marinos más grandes
del mundo, y el resto del año constituye un relajante final para un
recorrido lleno de aventura, historia y, sobre todo, el calor de una
rica y diferente cultura.
Fuente: http://www.proceso.hn/2008/01/03/Reportajes/Un.viaje.por/3207.html
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